
Ingredientes (para que 2 personas revienten o dejen algo para la cena):
- 400 g. de carne de cordero picada
- 1 cebolla
- 2 berenjenas
- 2 tomates bien gordos, rojos y carnosos
- 1 huevo
- Queso rallado
- Bechamel
- Mantequilla
- Aceite de oliva virgen extra
- Vino blanco
- Canela
- Orégano
- Sal y pimienta
Si no os gusta el cordero podéis ponerle otra carne, claro, pero así, y con la canela, esta receta tiene un punto moruno-mediterráneo que quita el sentío.
Cortamos las berenjenas en rodajas y las freímos en aceite de oliva bien caliente. Si no os gusta su sabor amargo, antes de freírlas hacéis lo de echarles sal y ponerlas a escurrir... blablabla... preguntad por ahí, yo prefiero que amarguen. Una vez fritas, las colocamos en papel de cocina para que no se queden demasiado aceitosas.
En una buena sartén, doramos la cebolla bien picadita con la mantequilla. Después añadimos la carne y salteamos a fuego fuerte sin dejar de remover. Cuando la carne haya tomado color, echamos los tomates (pelados y cortados en trocitos), el vino, las especias y salpimentamos. Bajamos el fuego y a hacer chup-chup unos 40 minutos.
Mientras tanto preparamos una hermosa bechamel. Esto ya lo he contado, así podéis mirar
aquí cómo se hace. VIVA LA THERMOMIX, hasta le doy un besito antes de acostarme. Le añadimos un huevo a la bechamel para que nos quede más hermosa e hipercalórica todavía.
Precalentamos el horno y en una fuente honda vamos colocando sucesivas capas de berenjenas y carne hasta terminar con una de berenjenas. Cubrimos con la bechamel, espolvoreamos el queso rallado y a gratinar.
Después de comer se recomienda dormir una siesta imaginando que estamos en Corfú.