Resumiendo, el Gran Cañón es lo más brutal que he visto y veré nunca. Se me saltaron las lágrimas y todo.
Y Yosemite también es para quedarse con la boca abierta y que te entren cuarenta moscas.
Viendo la puesta de sol en los restos de la Cliff House de San Francisco recordamos la historia que
Jesse nos contó hace tiempo...
Obviamente, San Francisco me ha gustado infinitamente más que Los Ángeles, estaba claro. De Las Vegas mejor ni hablo, una depresión.
Indescriptible también la secuencia de paisajes que hemos disfrutado bajando de San Francisco a Los Angeles por la carretera de la costa, la Highway 1.
Hasta la ida de olla de William R. Hearst en San Simeón tiene su punto. Las fiestas que se montarían aquí...
Esta foto de Venice Beach para mi hermana. Ja.
Los Ángeles me ha parecido una ciudad bastante impersonal, pero tiene unos museos estupendos. La colección del Getty Center, por ejemplo, es exquisita (en la foto, "Esperando el veredicto" de Abraham Solomon) y en el LACMA también flipé bastante. Qué buen gusto tienen algunos ricos.
Y como tengo una flor en el culo, mi visita coincidió con un concierto de Elvis Costello en el Wiltern Theatre. La mecánica estuvo cachonda: él elegía a gente del público (mira que le chillé, pero nada, sólo se fijó en las pijas de patio) que hacía girar una ruleta, y así se iban decidiendo las canciones del repertorio. Tres horas de concierto sin desperdicio que yo disfruté y el Koloke aguantó estoicamente como un campeón.